VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

26 abr. 2014

ENVEJECER ES UNA MIERDA


Cuando decimos "envejecer" nos viene a la memoria a un hombre o mujer de 65 años. Pues no. El cuerpo y la gravedad se ponen de acuerdo para que, a partir de los 40 años como muy tarde, el cuerpo se vaya a tomar por culo y, con él, las proporciones clásicas de los cánones de belleza.

Si lo llego a saber antes, o tomar consciencia, a los 30 años hubiera salido a la terraza con dos tenedores en cada mano una noche de tormenta con aparato eléctrico.

Un día, bastante pronto en la vida de un hombre, la barriga empieza a crecer. Al prinicpio de forma graciosa, luego crece más pero siempre tiesecita y tersa hasta que un día se desploma y va toda a parar encima del pito que, con la ley de gravedad, se ha ido a vivir cerca de las rodillas. Pero para colmo, la papada cae a la altura del pecho, el pecho se va a la altura de las costillas flotantes, la barriga en el pene y el pene en las rodillas. Eso es la gravedad.

Te empieza a caer el pelo de la cabeza y te sale en la espalda. Pero no te creas que son cuantro pelos, qué va!, son lianas capaces de engancharte si pasas cerca de un rosal.

Pero a la misma vez que la espalda sufre esta génesis simiesca, el pelo de las orejas se desbarata y de las fosas nasales salen unos pelos rígidos capaz de cerrar la bolsa de pan Bimbo.

El pelo de las axilas se convierte en fideos chinos sin cuerpo, rubios y extremadamente débiles. Más que un sobaco parece el culo de un topo viejo con tos.

Las uñas de manos y pies se vuelven amarillas como las hojas de los árboles cuando señalan el otoño.
Los labios se van hacia dentro de la boca de tal forma que parece que te intentes comer a ti mismo.

Los genitales se descuelgan como el blandiblue y buscan refugio en la vejiga, en el caso del hombre o se van directos a tierra como es el caso de la mujer que convierte su vulva en el morro de un oso hormiguero.

Ya no importa si haces deporte o gimnasia. Para nada. El proceso es irreversible.

La piel tersa parece ahora a Mª Jesús y su acordeón todo junto. Se decuelga, pierde elasticidad y el que lleva tatoos llegan a triplicar la imagen.

Pasas de cisne a pelícano del Serengueti. Lo que antes parecias como un tigre de bengala se ha convertido en un Ñú roñoso temeroso de cruzar el rio en manada.

Incluso, ¡qué cosas!, pierdes el vello del ano y te sale pelo en la molla del culo. Pero no pelo uniforme...mechones! como un campo sembrado de cebollas.

Las uñas de los pies se endurecen como clóchinas y hay que ir al podólogo a que te las corten. Pero, ¿quién le corta las uñas a un podólogo?

Los hombros se encorban, disminuimos de estatura y a la que te das cuenta ya estas cantando lo de "Aibó, aibó, a casa a descansar" o peregrinando hacia la tierra media.

Y ves a la gente joven tan bella, tan tersa, tan llena de vida que te preguntas....¿Por qué no hice lo de los tenedores esa noche de tormenta?



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