VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

20 jul. 2017

GOYESCO Y PUTERIL


Faustino Vergara De Sanfelix fue un noble español del siglo XVII que se jactaba de celebrar en su corte fiestas de zorrerío y puterío desenfrenado para la época.
Disoluto, soberbio e imberbe, Faustino se rodeaba de las cortesanas con más liendres de la comarca y, prácticamente era más conocido desnudo que con sus ropajes.

Tras pantagruélicas cenas, daba paso a desenfrenados rituales de apareamiento con cualquier ser terrestre o aéreo: prostitutas, cortesanas, lacayos, perdices, sus hermanas, el bufón, la cocinera o el mayordomo, todos eran correctamente petados por su apéndice díscolo.

Decíanse de él, las malas lenguas, que el almidón de sus ropajes de cama no era otra cosa que sus flujos de vida desperdiciados al tun tun. Decían que metía ambos pies en los esfínteres de dos perritos caniches mientras penetraba cronológica y rítmicamente a una doncella y un caballero sobre la cama, culo en pompa, mientras les hacía sostener en sus espaldas un juego de cristalería tornasolado.

Un día se presentó una hermosa dama a lomos de un corcel y tirose a ambos en el mismo acto. Y eso que la dama elegante solo iba a ver el contador de la luz a velas.

Cierto día, Faustino el libertino, diose cuanta de que su pene desafiante no podía descapullar a causa de un gran dolor. Qué tendría el noble Faustino que asomar su cabecilla no podía.
Llamó al médico, que en cualquier otro momento le hubiera petado el orto, y pidió consejo asustado.
Al principio se pensó en la picada de un avispón de la Meseta. Se barajó también que fuera pror el rozamiento de las diversas carnes que tal miembro penetraba sin compasión e, incluso se pensó en que pudiera estar dentro el perrito de la condesa Fufú que perdiose entre la multitud.
Tras un severo reconocimiento de su noble pene, el doctor llegó a la conclusión de que el descapullamento florido no podía realizarse por la cantidad de sarro recogido en el prepucio real. Solo un firme corte en el pellejo liberaría el miembro viril del gran Faustino el libertino patatero.

Así se llevó a la práctica y murió. Se conoció que Faustino, que era capaz de dar vueltas a un manzano hasta darse por culo él mismo, tenía tal acúmulo dentro de su prepucio que lo llevó a una sepsis general. Del corte sacaron en forma de piedrecillas resecas muestras de flujo, semen, pelotitas de mierda, pelos de gatopardo y vello púbico. Un final triste para una díscola vida folleteril.

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