VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

6 dic. 2016

LA VERDADERA HISTORIA DE VIKTOR FRANKENSTEIN


Mucho se ha dicho de este mito y todo mentira. Tras Frankenstein, no el monstruo creado sino el creador, hay una historia conmovedora y cierta que muy pocos saben y que yo te la voy a contar.

Lejos de pensar que fue un científico loco o un nuevo Prometeo, Viktor Frankenstein fue un hombre promiscuo, homosexual y con querencia hacia efebos más jóvenes que él.

A los casi treinta años, se dio cuenta que su vida de desenfreno y zorrerio se encontraba vacía. Solo, en el olvido, le aplastaba la angustia de una vida de sexo pero sin amor, sin comprensión, sin cariño.
Así que decidió hacer, construir, crear al hombre de su vida con las piezas de todos los amantes que le habían dejado huella. Como fue tan promíscuo le salió un monstruo de tres metros veinte centímetros.

Cogió las partes favoritas de sus amantes. El torso de John, de Andrew y de Sebastian, las piernas de Aaron, August, Bryon, Zac, Trenton, Stuart y Seymur. El pene de Randy ( no te digo más, imagínate)  y los testículos de Patrick y Nicholas.

Le salió un poco hidrocefálico porque con la cabeza y cara usó a diecinueve amantes y, en realidad, el monstruo tenía más ojos que una mosca de la acelga albaceteña porque Viktor no se decidió por alguno en concreto. De hecho, todos los ojos de sus amantes les parecían extraordinarios.
Empleó para las orejas las de un elefante de un circo rutilante.

Para aguantar semejante "melondrio" tuvo que  poner en el interior del cuello de la criatura cuatro brazos de otros dos hombres para que no cediese con el peso. Esto le vino bien al monstruo porque, cuando le picaba la garganta, él mismo se rascaba por dentro.

Para los pulmones, además de los de cuatro de sus amantes, tuvo que poner cinco acordeones para mejorar el rendimiento. De riñones sólo pudo poner dos bebés con su cordón umbilical que desembocaban en una calabaza gigante a modo de vejiga.

Sus nalgas estaban hechas con las espaldas de seis de sus más fornidos parteners y para fabricar el ano empleó la boca de una lamprea gigante. Para el vello púbico empleó el cuero cabelludo de once hombres.
Viktor cosió cada una de las partes de sus amantes en un solo ser gigantesco y le aplicó, como bien se sabe por la historia, una alta dosis de potente corriente recogida de los rayos de una tormenta aparatosa.
El resultado fue dotar de vida a la criatura que, nada más despertar, comenzó a repetir de manera entrecortada frases como: "Hoy no que me duele la cabeza", "Llévame a cenar a un sitio caro", "Necesito más dinero", "Cómo que ya te has corrido?", "Me aburro", "Quiero ser vegano", "Eres un Don Nadie", "Hoy comemos en casa de mi madre"...Y de esta forma tan efímera, Viktor tuvo que destruir al monstruo porque era inaguantable.






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