VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

22 ene. 2017

CÓMO BAJÉ MI ÍNDICE DE ANSIEDAD EN PLENA DEPRESIÓN.



No había consuelo para esa ansiedad que me corroía día y noche deseando la muerte. Quizá desde fuera sólo fuera una pataleta infantil, pero en mi interior no había un minuto de desasosiego y angustia. Tanto fue así que tuve las ganas imperiosas de coger el coche e irme al bosque más cercano, yo solo, a encontrarme con la Naturaleza, conmigo mismo,  de abrazarme a un árbol y gritar, llorar, fundirme con la espesa vegetación, oler la humedad del bosque después de llover...desahogarme, al fin y al cabo.

Con toda la pereza y junto a mi tristeza cogí el coche algunos kilómetros hasta llegar al lugar deseado. Bajé del auto, me planteé que coño hacía ahí solo y me hice el ánimo de adentrarme en el bosque.

Los primeros pasos fueron fáciles. Más tarde, los matorrales se cruzaban por mis piernas impidiendo la marcha normal del camino inexistente que yo tracé adrede para perderme. Como había llovido hacía poco, el fango me iba hundiendo como si de arenas movedizas se tratara. Una raíz me hizo tropezar cayendo de bruces sobre una madriguera tapada con hojas mordiéndome la nariz una especie de topo raro. Me levanté. No era impedimento. Mi nariz dolorida no podía compararse con el dolor de mi corazón.
De repente me cae una piña en la cabeza y la hija de puta lo hizo de punta. Mi vida pasó en segundos por delante de mis ojos comprobando que, efectivamente mi vida era una mierda.
Seguí más furioso y lleno de lágrimas por el intrincado bosque mientras la tenue luz solar se filtraba por entre las hojas de los enormes y tupidos árboles.
Extasiado por el dolor de mis sentimientos, amén del piñazo y la mordedura de topo, me agarré a un tronco de un hermoso árbol, como si fuera mi madre, y grité con todas mis fuerzas.
Los pájaros que anidaban en la copa salieron volando despavoridos cayéndome una mierda líquida en todo el cogote hasta la espalda. De la hiedra que vestía de verde al árbol me saltó a la cara una araña pequeña pero saltarina picándome un carrillo de la cara. Incluso juraría oírla decir "ale - hop!" mientras saltaba desde las hojas.

Me desplomé. Ya no podía más con mi vida. Y la Naturaleza me estaba convirtiendo en carne de UCI.
Lloré. Lloré roto de dolor. Guarde silencio. Escuché no muy cerca de mi sonido como de abejas o avispas. Ya no quise continuar más. Si lo sé hubiera preferido meterme en una bio-trituradora de cabeza.
Intenté volver al coche. No sé si fui hacia el norte pero el ramaje, el suelo y las hierbas estaban más mojadas que por donde vine. Yo llegué al coche pesando más de tres kilos a causa de estar empapado, untado de barro y lleno de ramas, hojas, raíces y esas plantas tan estúpidas que se pegan a los calcetines como una madre a su hijo chico.

Me quedé en el interior del coche más de diez minutos sin ponerlo en marcha, catatónico, perdido.Ahora, junto a la depresión, tenía que lavar el coche porque, además de todo el barrizal y la suciedad, había pisado una mierda del tamaño de una sandalia. No sé de que animal sería ya que los dinosaurios se extinguieron hace siglos, pero de quien fuera, debía estar ahora merodeando con medio intestino fuera.

Y sí, os mentí, no me bajó mi índice de ansiedad...pero os di esperanzas....

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