VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA
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4 jul 2019

SOY UN MIERDA ( Parte 2: Dadaísmo en la sangre )


Está claro que este blog se nutre de historias de ficción que os hacen reir y mamarrachadas varias. Pero dejad que hoy os cuente unas cosas sobre mí. Cosas reales que la gente cercana os puede corroborar.

Cierto es que descubrí el Dadaismo hacia los 16 años más o menos sin pensar que, desde bien pequeño, mi comportamiento fue realmente dadaísta y provocador, cosa que me hace pensar si no soy la reencarnación de Tristan Tzara (falleció en el 1963 y yo nacía en el 64).

- En un examen final de música, en el que teníamos que crear una canción e interpretarla con la flauta dulce, hice un tema tan desastroso y ridículo que no tuve más remedio que tocar la flauta con la nariz para intentar aprobar. Suspendí.

- En 5º de EGB compuse, dirigí e interpreté una obra de teatro que, ante el asombro del tutor y los pupilos, duraba menos de 3 minutos y no tenía sentido alguno. Tras ocupar el teatro del Colegio de Escolapios, nos retiramos los 55 minutos restantes a la clase donde permanecieron todos en silencio tratando de borrar tan bochornoso recuerdo. El profesor creía que duraría casi una hora y que tendría trama. Eso le pasa por no supervisar antes.

- Cuando me fue cambiando la voz y salí del coro de los Pequeños Cantores de Valencia por dicha razón empecé a grabar casettes con voz de soprano acompañado de sonidos de la aspiradora de casa en plan sintetizador. Ahí me hubiera gustado ver a Merzbow.

- En 1982 bajo el nombre de Radical Fenilo hice un trabajo en casette llamado "The Secret Life of Reagan" que estaba en blanco, sin música, ya que era la vida secreta y como secreto no se debía desvelar.

- En el colegio fui la única persona en la historia de Escolapios que hice un periódico el cual llamé "Objetivos" que se retiró tras varias entregas para evitar masacres entre los compañeros ya que no dejaba títere con cabeza.

- Hacia los 18 años, cuando empecé a descubrir el Dadaísmo, iba por la calle con una manga puesta y otra colgando por debajo de la entrepierna, de atrás hacia delante. Cuando más me miraban más crecía como persona.


Y tras otras cosas que no me acuerdo a la hora de escribir, aquí sigo dando por culo a todo el que pueda incluido a mí mismo.

Ojo a las siguientes fotos mias:







22 ene 2017

CÓMO BAJÉ MI ÍNDICE DE ANSIEDAD EN PLENA DEPRESIÓN.



No había consuelo para esa ansiedad que me corroía día y noche deseando la muerte. Quizá desde fuera sólo fuera una pataleta infantil, pero en mi interior no había un minuto de desasosiego y angustia. Tanto fue así que tuve las ganas imperiosas de coger el coche e irme al bosque más cercano, yo solo, a encontrarme con la Naturaleza, conmigo mismo,  de abrazarme a un árbol y gritar, llorar, fundirme con la espesa vegetación, oler la humedad del bosque después de llover...desahogarme, al fin y al cabo.

Con toda la pereza y junto a mi tristeza cogí el coche algunos kilómetros hasta llegar al lugar deseado. Bajé del auto, me planteé que coño hacía ahí solo y me hice el ánimo de adentrarme en el bosque.

Los primeros pasos fueron fáciles. Más tarde, los matorrales se cruzaban por mis piernas impidiendo la marcha normal del camino inexistente que yo tracé adrede para perderme. Como había llovido hacía poco, el fango me iba hundiendo como si de arenas movedizas se tratara. Una raíz me hizo tropezar cayendo de bruces sobre una madriguera tapada con hojas mordiéndome la nariz una especie de topo raro. Me levanté. No era impedimento. Mi nariz dolorida no podía compararse con el dolor de mi corazón.
De repente me cae una piña en la cabeza y la hija de puta lo hizo de punta. Mi vida pasó en segundos por delante de mis ojos comprobando que, efectivamente mi vida era una mierda.
Seguí más furioso y lleno de lágrimas por el intrincado bosque mientras la tenue luz solar se filtraba por entre las hojas de los enormes y tupidos árboles.
Extasiado por el dolor de mis sentimientos, amén del piñazo y la mordedura de topo, me agarré a un tronco de un hermoso árbol, como si fuera mi madre, y grité con todas mis fuerzas.
Los pájaros que anidaban en la copa salieron volando despavoridos cayéndome una mierda líquida en todo el cogote hasta la espalda. De la hiedra que vestía de verde al árbol me saltó a la cara una araña pequeña pero saltarina picándome un carrillo de la cara. Incluso juraría oírla decir "ale - hop!" mientras saltaba desde las hojas.

Me desplomé. Ya no podía más con mi vida. Y la Naturaleza me estaba convirtiendo en carne de UCI.
Lloré. Lloré roto de dolor. Guarde silencio. Escuché no muy cerca de mi sonido como de abejas o avispas. Ya no quise continuar más. Si lo sé hubiera preferido meterme en una bio-trituradora de cabeza.
Intenté volver al coche. No sé si fui hacia el norte pero el ramaje, el suelo y las hierbas estaban más mojadas que por donde vine. Yo llegué al coche pesando más de tres kilos a causa de estar empapado, untado de barro y lleno de ramas, hojas, raíces y esas plantas tan estúpidas que se pegan a los calcetines como una madre a su hijo chico.

Me quedé en el interior del coche más de diez minutos sin ponerlo en marcha, catatónico, perdido.Ahora, junto a la depresión, tenía que lavar el coche porque, además de todo el barrizal y la suciedad, había pisado una mierda del tamaño de una sandalia. No sé de que animal sería ya que los dinosaurios se extinguieron hace siglos, pero de quien fuera, debía estar ahora merodeando con medio intestino fuera.

Y sí, os mentí, no me bajó mi índice de ansiedad...pero os di esperanzas....