VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

VAYA FINAL TRISTE PARA UNA VIDA DE MIERDA

14 ago. 2013

ME QUIERO COMPRAR UNA VIVIENDA

Comprarse un piso o una casa a día de hoy es una odisea absurda e incognoscible. Ya no por los precios que, aunque son más baratas, bien es cierto que disponemos de menos dinero.
El problema es más bien las mierdas de casa que intentan venderte como si se tratase del Taj Majal, que tú las miras y piensas: O el vendedor y yo estamos en dimensiones paralelas o este tipo me está tomando el pelo de mala manera.

Nada más subir en el ascensor con olor a todo lo que no es humano, llegamos a la puerta de la vivienda donde una pintada pone "Me cago en vuestra puta madre y al que venga a usurpar esta casa" con lo cual ya sabes que la vivienda es del banco y que la recibió por un desahucio.
Al entrar y mientras el de la inmobiliaria abre las persianas y te dice que todo son primeras calidades, tropiezas con algo que está suelto en el suelo y, del trompazo que te pegas, prácticamente has recorrido toda la casa. Que tú te preguntas: ¿Y estos son los 96 metros pisables? Pues deben incluir paredes y techo....

Te abren la primera puerta y, mientras comentas lo cuco que es el armario de las escobas, te dicen que estás en la habitación de invitados. Invitados a dormir colgados en perchas porque una cama ahí no cabe ni plegada. El de la inmobiliaria te lo discute y te hace ver que cabe una cama doble con dos mesitas de noche. Es cuando te atormentas de haberte dormido en la clase de física cuántica y todo ese rollo de las dimensiones, mundos paralelos y teorías de las cuerdas y partículas subatómicas porque, evidentemenete, este señor y yo no estamos en la misma estancia. Ni en el mismo universo, vamos.

Pasamos a la habitación de matrimonio y me viene a la mente "El Señor de los Anillos" con sus hobbits y su tierra media y sus bajas estaturas. "Aquí puedes jugar un partido de tenis" comenta el que enseña el piso como dando a entender las amplias medidas del habitáculo. Y yo solo me imagino a Ramón Samprieto jugando a estar encamado mientras reza que no se le pose una moscarda de la acelga en la cara para evitar soplar.

El cuarto de baño de la habitación estaba diseñado por uno de estos dos tipos de persona : un mongólico rabioso o un daltónico bizco. No caben más colores, más cenefas ni más ladrillitos caravista. Eso sí, en vez de mango de ducha, una auténtica ducha de lluvia, de esas cenitales que están en lo alto y caen en forma de tormenta perfecta. Que digo yo que si sólo cae de arriba a abajo, cómo me lavo yo el culo!

Pasamos a la cocina. Un siniestro lugar alargado y de apenas metro y poco de ancho. Ahí el papel de cocina solo cabe si es en forma de confetti. La puerta del microhondas roza con la del horno que está en frente mismo y, si pones en marcha la vitrocerámica, calientas toda la casa sin necesidad de estufas.

El otro cuarto de baño, el del pasillo ( o supuesto pasillo de apenas un metro diez) tiene un espejo de arriba a bajo de la pared justo enfrente del retrete para que te veas la cara de carnero que haces cuando estás en plena "jiñada". Los hay con mal gusto.

Por fin el amplio salón comedor. Gracias a Dios que los televisores los hacen a día de hoy extraplanos porque uno de tubo sólo puedes ponerlo en el pasillo.
El salón es alargado y tremendamente estrecho. Cuando a la tecera vez que el de la inmobiliaria dijo el adjetivo "espacioso" le miré con cara de pocos amigos por no decirle "En mi ano hay más espacio y menos mierda que aquí" pero me callé. Yo soy así, de pensamiento fácil.
Si ponía un sofá, no podía poner la mesa de comedor. Si ponía una estantería de esas delgadas, el sofá me impedía el paso hacia la terraza. Si ponía una mesita central entre los sofás, la Tv la tenía que atornillar en el techo.
Pero el hombre insistía en el amplio espacio. Para mi, que es campeón del Tetris. No hay más. Este ponía dos sofas, una mesa de doce, un Tv de 60 pulgadas, una silla isabelina y al coro del Navarro Reverter y aún le quedaba sitio para un mueble bar y un arcón congelador de Camy.

Ya, cuando llegué a la terracita, me daba todo igual. Si no me cabía ni un solo mueble en el interior, para que coño quería yo una terracita.....Pues mira, la terracita me ayudó a tomar la decisión correcta. Cuando el de la inmobiliaria que me había dicho siempre que el piso valía 115.000 euros me dijo que eran 126.000 con el IVA, lo eché por la terracita a bajo. No me quedé el piso, pero el sonido de las ambulancias sonaban a gloria bendita.

1 comentario:

  1. Menos mal q no te dijeron eso de que el piso tiene muchas posibilidades, mosquiteras de serie y una horchateria muy cerca...

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